"¡Seguimos trabajando por el futuro!", rezaba el eslogan, acompañado de una imagen que pretendía ser histórica: el Intendente Ricardo Marino estrechando la mano al empresario. El epígrafe hablaba de "importantes proyectos", "gestiones para impulsar nuevas inversiones" y un compromiso inquebrantable de trabajar "codo a codo con el sector privado".
Hoy, en el lugar donde debían florecer las oportunidades y los puestos de trabajo, solo crece el mismo pasto seco de siempre. El "futuro" de Patagones parece haberse quedado varado en aquel despacho municipal.
La anatomía de una ilusión
Aquel anuncio no fue una simple reunión de cortesía. Fue vendido como el punto de inflexión para el distrito. Se hablaba de desarrollo local y generación de empleo genuino en un momento donde la economía regional pedía a gritos un salvavidas. Los hashtags eran rimbombantes: #GestiónMarino, #Desarrollo, #CrecimientoLocal.
Sin embargo, el tiempo —ese juez implacable que no entiende de marketing político— empezó a correr. Pasaron los meses, cambiaron las estaciones y las preguntas comenzaron a incomodar. ¿Dónde están los proyectos? ¿Cuál fue el resultado concreto de aquel "trabajo codo a codo"?
Al indagar en las oficinas municipales un año después, el silencio es la respuesta más frecuente. Los expedientes que debían registrar el avance de estas inversiones parecen haber desaparecido en el laberinto de la burocracia, o quizás, nunca existieron más allá de la pantalla de un teléfono móvil.
El costo de las falsas expectativas
Para el vecino de a pie, aquel que leyó el posteo con la esperanza de que su hijo consiguiera un empleo o de que el pueblo finalmente despegara, la mentira duele el doble. No se trata solo de un proyecto fallido; se trata de la devaluación de la palabra pública.
Las "gestiones" resultaron ser charlas de café sin sustento técnico ni financiero. El "compromiso de continuar trabajando" se diluyó tan pronto como la publicación perdió visibilidad en el feed de las redes sociales.
Un monumento al posteo
La publicación todavía puede encontrarse si uno hace suficiente scroll hacia atrás. Ahí están las estrellas brillantes y las promesas de un Patagones próspero. Es un monumento digital a la política de la imagen por encima de la gestión.
Hoy, la realidad de Patagones es muy distinta a la que dibujó aquella oficina de prensa. Sin inversiones a la vista y con el sector privado mirando de reojo las promesas oficiales, el municipio se enfrenta al desafío de explicar por qué le vendió a la comunidad un paquete vacío envuelto en hashtags.
La crónica de este anuncio que no fue es, en definitiva, la historia de un engaño colectivo. Porque después de un año, lo único que se generó no fue empleo ni desarrollo, sino una profunda y justificada desconfianza. En Patagones, el futuro tendrá que esperar, porque el que nos prometieron el año pasado resultó ser, simplemente, una gran cortina de humo.
@madiaz_politicayproduccion