Finalmente se definió la novela del verano en el PJ bonaerense. Axel Kicillof será el nuevo presidente del principal partido político del país, en la principal provincia del país. Un escenario que el propio gobernador desestimaba no mucho tiempo atrás, pero al que no pudo darle la espalda en un contexto donde propios y extraños los empujaron a ese lugar de conducción institucional.
Kicillof se anotó el poroto de quedarse, además, con la vicepresidencia primera del partido. Quien ocupe el rol será Verónica Magario, vicegobernadora y jugadora de la estructura de La Matanza, un esquema propio de poder en la política bonaerense. El gobernador ubicó también a Mariano Cascallares, intendente en uno de licencia de Almirante Brown, como Secretario General partidario. Así, el MDF de Kicillof se aseguró la cúpula pejotista y podrá desde allí ejercer el mantra que repitió durante el último año y en las negociaciones de las últimas semanas: que el partido muestre una alineación sin fisuras ni reparos con la gestión provincial que encabeza el gobernador.
El paso adelante de Kicillof y su consolidación como principal figura del peronismo en la cancha político/electoral son incuestionables. El gobernador ni siquiera tuvo que embarrarse para llegar a la presidencia del PJ bonaerense. Semanas atrás desde su entorno insistían en que el gobernador no abriría otro conflicto con Máximo Kirchner y La Cámpora por el PJ, y terminó siendo el propio diputado nacional quien lo propuso para el cargo. Primero informalmente y con trascendidos, y luego con una propuesta formal después de que en el MDF desoyeran sin subirse a los rumores que el kirchnerismo instaló como primera etapa de la movida.
Allí empieza la batalla de relatos que intentarán inclinar la balanza sobre la resolución del conflicto hacia uno u otro lado de la interna peronista. En La Cámpora el discurso es que fue Máximo quien habilitó la posibilidad de que Kicillof llegue a la presidencia, corriéndose él mismo de ese lugar y garantizando así la unidad. Un revival de la lectura de ese sector luego del cierre de listas para las elecciones bonaerenses del año pasado, en el que la sentencia era que CFK garantizó la unidad permitiendo que el MDF colocara las cabezas de listas en las secciones del conurbano.
La postura admite preguntas. ¿Tenía otra alternativa Máximo que “correrse” de la presidencia del PJ bonaerense? ¿Cuántos sectores hubiera alineado tras una candidatura propia y decidía continuar en el cargo? ¿Podía ganar una interna? Tanto en el caso de las listas del 2025 y el “gesto” de CFK como ahora en el PJ, el kirchnerismo parte de la premisa de que ostenta lugares de conducción y de toma de decisiones políticas para el conjunto que le corresponden por peso histórico, y de los cuales “se corre” para sostener la unidad y contener a todos. Esa mirada es justamente lo que entró en crisis y está siendo fuertemente cuestionada al interior del peronismo.
Como sea, el universo K salió ayer con fuerza a bancar a su líder con la línea del gesto de renunciamiento como movimiento que permitió la unidad, y trazando una línea histórica con otras decisiones de Máximo como la renuncia a la titularidad del bloque de UP en Diputados frente al acuerdo con el FMI. Desde intendentes y dirigentes centrales de La Cámpora hasta las bases militantes, las redes se poblaron ayer de mensajes enalteciendo la actitud del hijo de CFK.
“Siempre tuvo la responsabilidad política de sumar como militante desde el lugar que sea, en tiempos donde todos se desesperan por ser, donde pareciera que lo único que importa es permanecer, Maximo nos demuestra que el deseo de un militante debe estar en organizar para transformar, y en militar para trascender”, tuiteó el senador provincial y dirigente camporista Emmanuel González Santalla, un primera línea de la organización de Kirchner. Su mensaje fue reposteado, entre otros, por la propia Mayra Mendoza.
“Siempre con el compromiso de trabajar por la unión del peronismo, Máximo demostró una vez más que solo construyen historia quienes anteponen los intereses colectivos a los personales”, sumó por su parte el intendente de Lanús, Julián Álvarez. Son sólo algunos ejemplos de los mensajes con los que el kirchnerismo copó las redes ayer, en los que se leen dos puntos centrales: la banca a Máximo y el palito por elevación para “los que quieren ser”, o los que “anteponen intereses personales”. A buen entendedor pocas palabras.
Lo cierto es que Máximo dejará de ser el presidente del PJ bonaerense, pero lejos quedó de correrse de un lugar de protagonismo en el partido. Todo lo contrario. Será el titular del Congreso del PJ, el órgano deliberativo en el que se discuten cuestiones fundamentales de la vida partidaria, incluso estrategias y alianzas electorales. La relevancia del cargo la grafica su actual detentor, el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza.
Con el cambio de Máximo por Kicillof y Espinoza por Máximo se dio una especie de enroque entre el MDF y La Cámpora, en el cual cambiaron posiciones dentro del partido pero ambas estructuras seguirán ejerciendo su peso propio desde esas posiciones de poder. A su vez, Máximo ubicó dos jugadores de su órbita en lugares clave: Federico Otermín será el vicepresidente segundo, y Leonardo Nardini continuará como presidente de la Junta Electoral partidaria.
En el MDF la lectura de la resolución del tema PJ fue sencilla y directa: nueva etapa. La frase puede verse también en múltiples posteos en redes de dirigentes, funcionarios y militantes, en parte porque fue una bajada de línea interna que circuló por los whatsapp kicillofistas. “Bancar a Axel y Verónica en esta nueva etapa”, fue la recomendación de la cúpula kicillofista para que intendentes y dirigentes incluyan en sus comunicaciones en redes.
La propia cuenta del MDF impulsó esa línea. “Comienza una nueva etapa, Axel Presidente del PJ de la Provincia de Buenos Aires”, reza el copy que acompaña el comunicado oficial del armado del gobernador, que expresa que “en tiempos de resignación tenemos la responsabilidad de empezar una nueva etapa y volver a despertar esperanzas”. Si en la orilla K dejan entrever cierta ponderación de las intereses personales por sobre los colectivos como crítica escondida a Kicillof, en el MDF dejan traslucir una idea de fin de ciclo de la conducción cristinista y la necesidad de que el gobernador encabeza una nueva era en el peronismo.
El comunicado del kicillofismo también tuvo un guiño hacia el kirchnerismo. Su nueva etapa también es “por Cristina libre y contra los ataques de Milei a la Constitución y la democracia”. El reclamo central de la tropa K es que la agenda Cristina Libre siga siendo uno de los pilares de la vida partidaria y que el PJ lo instale permanentemente en la discusión pública. Allí habrá que ver qué equilibrio consigue hacer un Kicillof urgido por trascender las fronteras bonaerenses para estructurar un armado nacional con sectores y en territorios muy refractarios a la figura de CFK.
Hasta las 24 del domingo corre el plazo legal para la entrega de listas, y durante el día se irán conociendo los Consejeros partidarios por cada una de las 8 secciones electorales y las tres ramas de juventud, gremial y mujer. En la conformación de ese órgano ejecutivo del partido, que Kicillof encabezará como presidente, se verá el reparto general y cómo queda cada tropa. En el MDF pretendían al menos el 50% de esa estructura, decisiva a la hora de definir alianzas, estrategias electorales y conformación de listas. Al cierre de esta nota algunos intendentes ya habían firmado su lugar de Consejeros, como Ariel Sujarchuk (Escobar) o Mariel Fernández (Moreno), por la Primera Sección Electoral.
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