Cuando la confirmación de que Axel Kicillof presidiría el PJ bonaerense estaba al caer, desde estas líneas se planteó que una nueva tarea titánica se le sumaría al gobernador a otras que ya figuraban en su agenda 2026. Al hecho de gestionar una provincia durísima como la PBA, cargada de por sí de conflictos y necesidades irresueltas, ahora además en un contexto de ahogo financiero y presupuestario por parte del Gobierno nacional, y la necesidad de trascender las fronteras bonaerenses para estructurar un armado nacional que lo proyecte hacia 2027, se incorporaba la empresa de ordenar, reactivar y liderar el PJ.
Los tres desafíos de Kicillof para un año crucial en sus aspiraciones y su carrera política ya comenzaron a emitir ciertas señales de alerta. El gobernador deberá ensayar un complejo equilibrio entre su lugar de gestión, la necesidad de consolidarse como jefe de un partido acéfalo y en disputa y la urgencia por estructurar una alternativa a nivel nacional que se le pueda plantar a Milei en 2027 incluso desde sectores y actores ajenos al peronismo.
Aunque el gobernador y su núcleo más cercano dentro del MDF intenten manejar los tiempos con prudencia y una cautela que a veces exaspera a sus aliados, lo cierto es que los relojes de arena corren y las carreras ya están lanzadas. En cómo pueda transitarlas, equilibrando todos los lugares y roles que debe ocupar, se jugará buena parte del destino político de Kicillof.
GESTIONAR LA PBA: PROBLEMA URGENTE Y COTIDIANO
Lejos van quedando los tiempos en los que los actuales opositores al Gobierno provincial gobernaban la PBA y la llamaban “la provincia imposible”. Kicillof transita la segunda parte de su segundo mandato con la medalla de haber gobernado tal vez los tiempos más duros para los bonaerenses, la pandemia y motosierra de Milei, sin grandes estallidos que pusieran en tela de juicio sus capacidades para encabezar un Ejecutivo tan complejo. Sin experiencia previa como gobernante, Kicillof agarró la papa más caliente del país y su gestión lo llevó a consolidarse como el principal referente del peronismo junto a CFK. Pero en esta nueva etapa la gestión también puede transformarse en un dolor de cabeza para el gobernador.
Kicillof recibió dos malas noticias la semana pasada. Los estatales de ATE y los docentes de la FEB y Suteba consideraron insuficientes las propuestas de aumento salarial del Gobierno provincial. En ambos casos la gestión ofreció un 3% para febrero. ATE pretende un 4%, y esa diferencia hizo que la segunda instancia de negociación entre las partes no llegara a buen puerto. Si bien los estatales remarcan en cada oportunidad que tienen la voluntad de negociación por parte del oficialismo y echan culpas por la falta de recursos al ajuste de Milei, lo concreto es que aún no se llegó a un acuerdo.
Con los docentes la cosa se puso más complicada. La Federación de Educadores Bonaerenses (FEB) anunció un paro ante la falta de acuerdo salarial. Su postura frente a la gestión provincial es más dura que la de Suteba, que no se pronunció en el mismo sentido a pesar de rechazar la oferta del oficialismo. Por ahora.
Panorama complejo para un Kicillof que en cada apertura de sesiones y cada vez que puede recuerda que en sus tiempos de gobernador las clases siempre comenzaron en tiempo y forma. El próximo lunes 2 de marzo deberían darse en paralelo ambas cosas, una nueva apertura de sesiones legislativas y el inicio de un nuevo ciclo lectivo. Sería una una señal tremenda que en el año en que Kicillof necesita consolidar su proyección nacional las clases no comiencen en la PBA por un conflicto salarial. Primer reloj de arena en tiempo de descuento que es sólo un botón de muestra de los escollos que afrontará el gobernar en el primero de sus grandes desafíos del año.
PARA SER PRESIDENTE HAY QUE SER JEFE
El nuevo desafío de Kicillof es revitalizar un PJ bonaerense que a todas luces no venía siendo un protagonista de la agenda política. Fragmentado por la división de tribus en su interior y con incontables críticas a la conducción de Máximo Kirchner, la salida de común acuerdo para la renovación de autoridades en la versión provincial del partido fue que su comandancia quedara para el gobernador. Pero aunque eso haya bajado la espuma del tema en las últimas semanas, lo cierto es que el tema aún está lejos de resolverse.
A pesar de la unidad alcanzada, aún no se dieron a conocer los nombres que integrarán el Consejo del PJ, lo que sería la mesa ejecutiva del partido. Si bien el plazo de presentación de las nóminas está estipulado para este jueves 19, en las primeras horas de la unidad parecía que el acuerdo llegaría y sería comunicado mucho antes. Todavía siguen las negociaciones y no hay certezas sobre cómo quedará conformado ese espacio central del partido.
Algo similar ocurre con el Congreso y las listas locales. Máximo Kirchner presidirá el órgano deliberativo del partido, pero su conformación definitiva provendrá de los armados locales y sus congresales. Y allí también hay negociaciones irresueltas. En concreto, 32 distritos presentaron más de una lista y la Junta Electoral partidaria, a cargo del intendente de Malvinas Argentinas, Leonardo Nardini, ya se reunió en dos ocasiones estas semanas para intentar destrabar todos esos nudos.
El próximo 15 de marzo es la fecha en las que debería haber internas y proclamarse las nuevas autoridades. Otro reloj de arena que corre para un Kicillof que asumió el desafío no sólo de presidir el PJ bonaerense sino de convertirse definitivamente en el jefe del partido. Una cosa sin la otra sería sólo una cáscara vacía. Con la presidenta del partido a nivel nacional encarcelada y proscripta, el lugar de Kicillof al frente del PJ bonaerense implica un rol de liderazgo para todo el partido, que necesita reconectar con la sociedad y reconvertirse en alternativa electoral a Milei. En un mes Kicillof asumirá como presidente bonaerense del PJ, con la demanda creciente de que transforme esa posición institucional en una jefatura real.
FRONTERAS AFUERA DE LA PBA Y DEL PERONISMO
La jefatura del PJ es un escalón necesario para Kicillof en su desafío de mediano plazo, pero por el que algunos también comienzan a ponerse ansiosos. El gobernador y su núcleo tienen claro que este 2026 es el año para la construcción nacional de una alternativa que pueda ganarle a Milei en 2027. Y tienen decidido que Kicillof sea un actor protagónico de esa construcción. Eso implicará que el mandatario salga de su provincia, recorra el país, articule sectores y también traspase las propias fronteras del peronismo para tejer alianzas con actores que podrían conformar un gran frente electoral contra La Libertad Avanza.
En la mesa chica del gobernador insisten en que la idea no es la construcción de una candidatura de Kicillof, sino la de una alternativa electoral y política a Milei. Es una forma de decir que no irán con la consigna Kicillof 2027, en parte para no espantar a sectores aún muy refractarios a la imagen K del gobernador bonaerense. Al final del recorrido se verá, explican, quién tiene que ser la figura que encabece ese armado.
Esto comporta otros desafíos para Kicillof y los suyos. Como se dijo, sin jefatura clara en el PJ el lugar desde el cual el gobernador vaya a hablar con otros mandatarios y dirigentes provinciales quedará desdibujado. Lo mismo si en su propio territorio afronta problemas serios de gestión que compliquen su imagen como gobernante. A esto se suma que el estilo de liderazgo de Kicillof no es al que muchos están acostumbrados en la política argentina, y esto genera nerviosismos y ansiedades en quienes esperan ver un jefe con otro impulso y capacidad de ordenamiento vertical de un espacio o un frente político.
Un dirigente de un importante espacio que está dentro del kicillofismo lo grafica así: “el MDF es una articulación de espacios y organizaciones. Está claro que es detrás de Axel, pero no es que ellos vienen a ordenarte en todo verticalmente como siempre funcionó en el peronismo. Hay que ver cómo funciona esto como modelo, para el PJ primero y después para lo que se arme a nivel nacional”. Dudas que cruzan un 2026 definitorio para el peronismo.
Kicillof viene trabajando sus articulaciones nacionales desde que es gobernador. Los envíos de recursos desde la PBA a distintas provincias en distintos tipos de emergencias, de seguridad, climáticas, de salud, etc., son ya una marca registrada que volvió a ponerse sobre la mesa con los incendios de este año en la Patagonia. Llevar al Estado allí donde el Gobierno nacional deserta de sus responsabilidades, sería la línea política con la que Kicillof ya tejió conexiones con pares como Maximiliano Pullaro, Martín Llaryora, Ignacio Torres, Valdés en Corrientes.
El desafío para este año será traducir esos esfuerzos y los nuevos que se encaren en la proyección de una alternativa electoral. En las provincias muchos sectores del peronismo y afines esperan la llegada de Kicillof como el líder y la esperanza para derrotar a Milei. Será un trabajo de hormiga, atravesado por los obstáculos ya descritos. Un reloj de arena que corre más lento y el gobernador puede mirar con otra paciencia, pero que no puede desatender. Su 2026 debe terminar con esa alternativa construída y con su proyección lanzada, o el 2027 será aún más cuesta arriba de lo que hoy ya parece.
*Periodista. Twitter: @Nico_Baccaro. Crédito_diagonales.com