Postales Neuquinas: Riscos Bayos de Caviahue: Donde el fuego, el hielo y el viento esculpieron las lágrimas del volcán
Lunes 16 de Febrero de 2026
Nº de Edición 1508

NEUQUÉN

Postales Neuquinas: Riscos Bayos de Caviahue: Donde el fuego, el hielo y el viento esculpieron las lágrimas del volcán

16/02/2026 | En el valle del Cajón de Hualcupén, a unos 20 kilómetros de la caldera de Caviahue, estas formaciones se elevan entre 60 y 80 metros sobre la estepa, extendiéndose a lo largo de casi cuatro kilómetros como una muralla dorada que parece surgida de otro tiempo.

Por: Redacción

Sobre la Ruta Provincial 26, en el kilómetro 16 —camino que une Loncopué con Caviahue–Copahue— el paisaje se abre y, de pronto, irrumpen los Riscos Bayos. En el valle del Cajón de Hualcupén, a unos 20 kilómetros de la caldera de Caviahue, estas formaciones se elevan entre 60 y 80 metros sobre la estepa, extendiéndose a lo largo de casi cuatro kilómetros como una muralla dorada que parece surgida de otro tiempo.

El acceso es sencillo y puede realizarse en vehículo hasta las inmediaciones. Desde allí, un trekking de aproximadamente 10 kilómetros entre ida y vuelta, de dificultad baja, permite internarse entre columnas, pilares y pináculos modelados por la naturaleza. Se recomienda consultar previamente en las oficinas de turismo de Loncopué o Caviahue y respetar las indicaciones, ya que parte del sector pertenece a predios privados.

Dicen que en el mundo existen sólo tres lugares donde la naturaleza moldeó con figuras extrañas las “lágrimas de los volcanes”: uno en Capadocia, Turquía; otro en México; y el tercero, aquí, en Neuquén.

Hace uno o dos millones de años, un macro volcán entró en erupción y cubrió esta región con enormes depósitos de ceniza y materiales ardientes. Aquella explosión dio origen a la actual caldera del Río Agrio, de la que forman parte la laguna de Caviahue y el volcán Copahue. Las ignimbritas —esas cenizas compactadas por temperaturas extremas— quedaron soldadas al suelo y, con el paso de los milenios, fueron talladas por el viento y las lluvias.

Luego llegaron los glaciares. Avanzaron, empujaron, moldearon morenas y surcaron la cordillera. Cuando el hielo retrocedió, el viento tomó el relevo y terminó de esculpir lo que hoy contemplamos: cavernas naturales, torres frágiles, arcos y siluetas que cambian de color con la luz del día.

Al amanecer, los riscos se tiñen de tonos suaves y dorados. Al atardecer, parecen incendiarse bajo el cielo patagónico. El silencio allí no es vacío: vibra con una energía serena, casi meditativa, como si la tierra todavía guardara el eco del fuego que la creó.

Muchos viajeros continúan su camino hacia Caviahue sin detenerse. Algunos bajan para una fotografía rápida. Pero quienes se animan a recorrerlos descubren uno de los secretos mejor guardados del norte neuquino: un paisaje que sólo tiene comparación en dos lugares del planeta.

A pocos kilómetros, el Establecimiento Los Riscos suma a la experiencia caminatas interpretativas que culminan con meriendas y encuentros al aire libre, integrando naturaleza, historia y hospitalidad cordillerana.

 

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