Hay una frase que resume la desconexión de la clase dirigente con la realidad del ciudadano de a pie, y el concejal Santiago Dalmau acaba de pronunciarla sin ponerse colorado: "El horario de la sesión debería ser algo menor". En un Partido de Patagones asfixiado por problemas estructurales, inseguridad y una crisis que no da tregua, la máxima preocupación de un representante del pueblo parece ser cuánto tiempo debe permanecer sentado en su banca.
La eficiencia como excusa del silencio
Bajo el elegante ropaje de la "operatividad", lo que Dalmau propone en la nota concedida a Patagones a Diario no es otra cosa que un ajuste al debate democrático. Sugerir que las sesiones son largas es admitir, tácitamente, que la palabra del par, la discusión de los proyectos y la exposición pública de las ideas le resultan tediosas o innecesarias.
Si el Concejo Deliberante es el "templo de la democracia" local, reducir el horario de sesión equivale a cerrar las puertas de la iglesia antes de que terminen los rezos porque el cura tiene sueño. La política no es un turno de oficina de seis horas; es un compromiso de representación que, por definición, debería durar lo que dure la solución de los problemas de los vecinos.
El síntoma de una política anestesiada
¿Qué le molesta realmente al concejal? ¿La extensión de los debates o la visibilidad de las diferencias? Una sesión corta es el sueño de cualquier autoritario: menos tiempo para preguntar, menos tiempo para argumentar y, sobre todo, menos tiempo de exposición ante el ojo crítico del vecino.
Mientras el trabajador de Patagones estira sus horas para que el sueldo no se le escurra entre los dedos, escuchar a un legislador pedir "sesiones más cortas" suena a una bofetada de privilegio. Es la política del "vengo, firmo y me voy", una dinámica que busca convertir al cuerpo legislativo en una escribanía de trámites rápidos, evitando que el barro de la realidad ensucie los expedientes.
Menos reloj, más calle
Si a los concejales les "pesa" el horario de sesión, quizás el problema no sea el reloj, sino la falta de vocación para profundizar en los temas que realmente queman. Patagones no necesita sesiones exprés ni debates de 15 minutos para las redes sociales. Necesita representantes que aguanten el calor de la discusión hasta que el último problema del último vecino tenga, al menos, un intento de respuesta.
Señor Dalmau: si el tiempo le sobra o le pesa, el problema no es la sesión. El problema es que, tal vez, la agenda de la gente no está entrando en su despacho.