El plan sistemático de la dictadura, como lo estableció la Justicia, buscó silenciar toda capacidad de informar, investigar y difundir noticias de manera independiente. Este objetivo no se limitó únicamente a la desaparición física de periodistas, sino que se extendió a través de la censura directa en todo el país. En ese contexto, la autocensura y el exilio fueron formas de preservación en una realidad donde estaba en juego la vida. Pese al cerco de las presiones y el temor, las excepciones de resistencia evidenciaron que el periodismo seguía latiendo.
Evocamos a quienes fueron torturados y asesinados, a quienes resultaron censurados, a quienes debieron callar por miedo o recurrir a la autocensura para sobrevivir, y a aquellos que asumieron el riesgo de seguir narrando la realidad y preguntando, a pesar del peligro que eso implicaba. Este aniversario representa un espacio de memoria necesaria para reafirmar que la libertad de expresión es un derecho humano fundamental. El periodismo requiere condiciones de libertad para ser ejercido y la ciudadanía tiene el derecho inalienable a informarse sin condicionamientos, con la vigencia irrestricta de las garantías constitucionales y del estado de derecho. Único camino para garantizar la justicia y la verdad sobre lo ocurrido.
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