En un escenario donde la violencia entre pares ha dejado de percibirse como un hecho aislado, desde Córdoba surge una propuesta que busca introducir una nueva forma de nombrar el problema. El Prof. Dr. Cristian Baquero Lazcano, especialista en creación de símbolos oficiales y Director de Comunicación Institucional de la Asociación Argentina de Ceremonial y Protocolo (ASARP), impulsa la idea de una Bandera Internacional contra el Acoso Escolar (Bullying).
La iniciativa se sostiene en una convicción profunda, que las sociedades también se transforman a partir de los símbolos que adoptan. Desde esa perspectiva, la propuesta dialoga con una tradición que ha sabido condensar causas sociales en imágenes perdurables. La bandera de la paz sintetizó un anhelo colectivo en una forma sencilla; otras, vinculadas a la inclusión, lograron instalar debates que antes no tenían visibilidad.
En esa misma línea puede leerse el caso de Eros Recio, el primer bailarín profesional con síndrome de Down en España, quien impulsó una bandera orientada a promover el respeto hacia las personas con discapacidad. Su recorrido demuestra que un símbolo, cuando logra arraigo, no solo representa una causa, también la hace visible, la instala en la conversación pública y la proyecta más allá de su origen.
La pregunta, entonces, aparece con naturalidad. Si existen banderas que expresan la paz, la inclusión o la diversidad, por qué no pensar en una bandera que represente la lucha contra el acoso escolar.
La propuesta de Baquero Lazcano responde a esa inquietud. La bandera se construye sobre un campo naranja pleno, un color que, desde la psicología, se asocia con la cercanía, la sociabilidad y la apertura al otro. No es un tono distante ni frío. Por el contrario, transmite proximidad y diálogo, cualidades que resultan esenciales frente a una problemática que suele asentarse en el aislamiento de la víctima.
El naranja, además, posee una condición particular. Es un color que llama la atención sin imponer agresividad. Se lo utiliza en señales de advertencia porque se percibe con rapidez, incluso en contextos complejos. Sin embargo, a diferencia de otros colores de alerta, conserva una dimensión humana vinculada a la empatía. En esa combinación se encuentra uno de sus sentidos más profundos: advertir sin expulsar, señalar sin romper el vínculo.
En el centro de la bandera aparece un círculo blanco incompleto. La imagen es sencilla, pero no ingenua. La forma interrumpida remite a una comunidad que ha perdido continuidad, a un lazo que no logra sostenerse. Esa abertura no necesita explicación, se percibe. Allí se concentra la idea de una fractura que interpela.
El acoso escolar, en ese marco, deja de leerse como un episodio circunstancial y se reconoce como una dinámica que afecta la convivencia, condiciona trayectorias y deja huellas en quienes lo atraviesan. En la actualidad, esa experiencia se ve amplificada por el entorno digital, donde el ciberacoso prolonga el daño más allá del espacio físico.
La bandera se propone, entonces, como una herramienta de presencia. Su incorporación en escuelas durante la semana del 2 de mayo permitiría dar visibilidad a la problemática desde un lugar claro. También podría utilizarse en jornadas de reflexión o como reconocimiento simbólico a estudiantes que promuevan prácticas de respeto.
Asimismo, la utilización de distintivos en color naranja dentro de la comunidad educativa podría reforzar el mensaje, generando identificación y pertenencia. Frente a situaciones de acoso, el símbolo podría funcionar como señal institucional de compromiso, abriendo espacios de diálogo que muchas veces no encuentran cauce.
La historia demuestra que los símbolos no resuelven por sí solos los conflictos, pero sí tienen la capacidad de modificar la forma en que estos son percibidos. Cuando una sociedad encuentra una imagen que la representa, comienza a construir un lenguaje común.
La propuesta que nace desde Córdoba, se ubica en ese punto sin pretender cerrar una discusión, sino abrirla desde otro lugar. Introducir una bandera es, en el fondo, introducir una pregunta. Y en este caso, la pregunta es directa ¿qué tipo de convivencia estamos dispuestos a sostener y qué lugar le damos al otro dentro de esa trama?