Hay una inteligencia que trabaja en las sombras de cada acto público. Trabaja sin firma, sin escaño, sin discurso, y sin embargo es la que le da sentido a todo lo demás, a los escaños mismos, a los discursos, a cada disposición que organiza el espacio donde el poder se hace visible. Se llama ceremonial, y la Argentina le dedica cada 28 de mayo una jornada de reconocimiento que la mayoría de los ciudadanos ignora, lo cual es, en cierta forma, la mejor prueba de que esa disciplina funciona. Lo invisible que funciona bien pasa inadvertido. Siempre.
La fecha tiene una raíz precisa. El 28 de mayo de 1810, a días de la Revolución de Mayo, la Junta de Gobierno recién constituida emitió la "Instrucción para el Despacho y Ceremonial", redactada por Mariano Moreno, y ese documento fue bastante más que un trámite burocrático fundacional. Era el primer intento de dotarle al poder naciente de una forma simbólica reconocible, de decirle a la sociedad cómo debía verse aquella autoridad que acababa de cambiar de manos. El protocolo, desde el inicio mismo de la vida republicana argentina, fue política pura. El decreto presidencial N° 1574/93 formalizó la conmemoración más de ciento ochenta años después, pero la historia arranca ahí, en ese documento donde la república intentó, por primera vez, ordenar su propia representación.
Lo que muchos todavía suelen pasar por alto es que el ceremonial regula el significado, antes que cualquier otra cosa. Cada lugar asignado en una sala, cada bandera izada en el orden que corresponde, cada tratamiento dispensado a una autoridad llevan una carga semántica que el ciudadano procesa muchas veces de manera completamente inconsciente. Cuando ese orden falla, algo se quiebra en la percepción de legitimidad institucional, y cuando funciona, nadie lo advierte porque todo parece sencillamente natural. Esa naturalidad, sin embargo, es el resultado de un trabajo técnico riguroso que alguien realizó antes, con cuidado y criterio.
El campo se organiza
En este contexto, la creación de la Asociación Argentina de Ceremonial y Protocolo marcó un punto de inflexión genuino en la profesionalización de la disciplina. Fundada en julio de 2023 y con personería jurídica reconocida por el Ministerio de Justicia desde febrero de 2024, la ASARP se propuso algo que durante décadas careció de referente nacional, sistematizar el conocimiento acumulado, impulsar la formación y dignificar el ejercicio de una actividad que históricamente operó de manera dispersa, sin estándares compartidos ni marco institucional propio.
La preside la Prof. Dra. Flavia Boccagni Cataldi al frente de un equipo directivo de altísimo nivel integrado por el Prefecto Mayor Lic. Rubén Peloso de Prefectura Naval Argentina, Coronel (R) Prof. Guillermo Llorente, Dr. Cristian Baquero Lazcano, Lic. Griselda Gotelli, Lic. María Victoria Bueno, Lic. Ricardo Las Heras, Tec. Sup. Nelson Barco, Prof. Celina Halupczok, Prof. Kaino Avinceta, Dra. Belén Martínez Russo y Lic. Raquel Melguin, entre otros reconocidos profesionales del campo, y cuenta además con la presencia honoraria de Sergio Grillo, el Decano del Ceremonial Argentino. Desde esa base humana sólida y genuinamente federal, la asociación reúne a referentes de distintas provincias y avanzó sobre un territorio institucional que va bastante más allá de la capital.
Municipios y comunas del interior del país cuentan hoy con escudos, himnos y banderas creados bajo criterios técnicos e históricos rigurosos, gracias a la tarea encabezada por el Dr. Cristian Baquero Lazcano, especialista en Identidad e Imagen Pública con una extensa trayectoria en heráldica y vexilología, que lleva relevadas más de un centenar de localidades argentinas. Donde hay símbolo construido con rigor, hay comunidad que puede reconocerse en él, y eso pesa en un país que discute permanentemente los términos de su identidad colectiva.
Una literatura que llega tarde, pero llega
Lo que faltaba, quizás, era bibliografía especializada. La práctica del ceremonial en la Argentina acumuló décadas de experiencia profesional valiosa, aunque esa experiencia tardó en traducirse en textos académicos de alcance verdaderamente nacional. Esa deuda comenzó a saldarse este año, cuando la ASARP inauguró una línea editorial propia y el primer resultado fue el Manual de Ceremonial y Protocolo Municipal de la República Argentina, una obra de más de cuatrocientas páginas que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires —en su edición número cincuenta— y que ya circula a través de Tinta Libre Ediciones en formato físico y digital.
El libro es federal en su concepción misma. Fue escrito por especialistas de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, y aborda el ceremonial como política pública antes que como un repertorio de formalidades decorativas. Trata el régimen constitucional del municipio, las precedencias institucionales, el ceremonial legislativo, la gestión de símbolos y la planificación de actos oficiales, e incorpora además modelos de ordenanzas y herramientas de aplicación concreta pensadas para los equipos técnicos que trabajan en gobiernos locales, donde la brecha entre lo que se sabe y lo que se necesita saber ha sido, hasta hace muy poco, considerable.
Y ese esfuerzo editorial continúa. Desde la asociación anuncian que en breve saldrá al mercado una nueva obra en la misma línea, con la intención explícita de fortalecer la literatura disponible para quienes se forman hoy en la disciplina, en cursos universitarios, en espacios de ceremonial castrense, legislativo y municipal, sin que hasta hace poco existiera un corpus bibliográfico verdaderamente a la altura de esa demanda creciente.
El poder necesita forma
Las democracias modernas tienden a olvidar, sobre todo en los momentos de mayor crispación, que el poder se representa además de ejercerse, y que esa representación, para ser legítima, requiere formas compartidas, reconocibles y respetadas. El ceremonial es exactamente eso, aunque raramente se lo piense en esos términos. Es parte de la estructura del Estado, tanto como lo son sus leyes o sus instituciones.
En un país que tiene sobradas razones para desconfiar de lo que el Estado le muestra, la existencia de profesionales que trabajan en serio para que cada acto oficial sea coherente, ordenado y cargado de sentido resulta una forma de reconstrucción silenciosa, casi artesanal. Una apuesta sostenida por la idea de que la república, para ser vivida como tal, tiene que poder verse como tal.
Hoy, 28 de mayo, la Argentina les recuerda que eso importa. Aunque la mayoría lo dé por sentado. Aunque todo parezca simplemente natural.