Diversos presidentes de los Estados Unidos han señalado que para evaluar la salud de la economía hay que ver cómo está la "Main Street", la calle principal del comercio, más que como está "Wall Street", sede de la Bolsa de Nueva York. Sin negar la relevancia e influencia que tienen las finanzas en la economía contemporánea, a la larga no se pueden sostener datos financieros positivos en el mediano plazo si la economía real languidece. Por eso es clave monitorear la salud de la economía de la calle, más allá de lo que reflejen estadísticas parciales o desactualizadas y menos encerrarse en pantallas y planillas de cálculo.
Para monitorear la evaluación económica se necesitan seleccionar diversas variables relevantes sostenidas en el tiempo y contar con buenos criterios de medición, y así poder evaluar eficazmente el desempeño lo que introduce diversas cuestiones cuantitativas y cualitativas, por ejemplo, no valerse solo de promedios, y tener cuidado en las fechas para establecer comparaciones. En numerosas ocasiones la elección de las variables, los elementos cualitativos y los plazos que se analizan, pueden dar lugar a interpretaciones diferentes que impiden determinar a priori una tendencia, salvo que la información de datos claros, precisos, concordantes y sostenidos en el tiempo.
Un ejemplo: un ex Presidente sostenía que en un país de dos personas, si una persona comía un pollo y el otro no, para las cuentas nacionales, la población del país come medio pollo. Esto introduce una cuestión clave, no importa solo el valor medio sino la distribución de una variable. La comparación cambia si se toma respecto al mes anterior, al año, a un fin de año o a un promedio anual. La elección nunca es neutral, pero uno no debe negar la realidad. Veamos qué nos dicen los datos de actividad.
"Los efectos de la crisis de un modelo cuya sustentabilidad está sujeto al ciclo de los commodities quizás se note cuando ya sea demasiado tarde"
Hace pocos días se conoció el estimador mensual de actividad económica (EMAE), que refleja cómo evoluciona la economía mes a mes. El PBI, la variable central para medir el crecimiento, se conoce en forma trimestral y con rezago de un trimestre. Por eso, se toma el EMAE que es el más cercano en el tiempo. El último dato disponible del EMAE es de marzo y el Gobierno festejó que la economía creció 5,5% en el año, aumentó un 3,5% respecto a febrero y alcanzó un máximo histórico.
Durante estos dos años se repite un patrón, el EMAE refleja un aumento debido al crecimiento de la minería, energía y agro, mientras que la construcción, el comercio y la industria retroceden fuertemente. Los sectores con peor performance son los que más empleo generan y su retroceso marca un patrón de deterioro del mercado laboral con el agravante que los sectores "ganadores" absorben poco empleo. De hecho, en el último año también han reducido el número de trabajadores.
El dato positivo del EMAE total contrasta con otros datos de marzo, que muestran tres caídas en simultáneo en términos reales: ventas en supermercados 5,1% interanual, autoservicios mayoristas 13,3% y ventas de electrodomésticos 25,6%. El primer trimestre del año cerró con caídas en los tres canales (3,1% / 5,7% / 20,6%, respectivamente).
Más allá de datos contrapuestos, el Gobierno sostiene que comenzó una recuperación sostenida mientras que la evaluación de datos de ciertos indicadores de abril, que anticipan los datos del EMAE, marcan un desempeño negativo, lo que anticipa un probable serrucho alternado de datos positivos y negativos que impiden preanunciar una tendencia positiva.
Veamos algunos datos clave para estimar que pasó en abril. El mes pasado hubo datos positivos en patentamientos, 1,7% de autos y de 5,6% en motos, y los consumos de tarjeta de crédito subieron un 0,9%, mientras que la recaudación de IVA cayó un 0,6%, la recaudación del impuesto al cheque bajó un 2,2%, los despachos de cemento se redujeron un 10,1%, la demanda energética de la industria cayó un 2%, mientras que la producción industrial retrocedió un 2,5%, la importación de bienes de capital bajó un 1,9% y los préstamos personales cayeron un 1,3%, mientras que el índice de confianza del consumidor cayó un 9%. El balance augura que en abril el EMAE tendrá un retroceso como en febrero, lo que no permite afirmar que haya una senda sostenida de recuperación.
Si uno evalúa el comportamiento de los salarios reales no se avizora que haya un motor para alimentar el consumo interno. Menos si se toma en cuenta que la pérdida de ingreso disponible es mayor que lo que refleja la caída contra el índice de precios al consumidor (IPC) por el aumento en los servicios que no están debidamente captados en un IPC que mide una canasta muy vieja (2004).
"El escenario más probable es que la actividad económica tenga un resultado mediocre. No se observan motores que puedan apuntalar la actividad. La estabilidad cambiaria puede jugar a favor en 2026 pero 2027 será de mínima desafiante".
Tampoco el crédito parece un motor con salarios reales en retroceso, e inflación alta, aunque se estabilice/descienda lo que impide licuar los saldos deudores y tomar nuevos créditos para consumo o inversión.
La combinación de deterioro del empleo y caída del salario llevó la mora crediticia en el sistema financiero del 2% al 7% de marzo de 2025 a marzo de 2026, record en más de 20 años. En empresas la mora es baja aún un 3,1%, pero en las familias ya llega al 11,5%, con picos de 14,2% de mora en préstamos personales.
La combinación de estancamiento, falta de políticas públicas pro-inversión (más allá del RIGI para sectores primarios), apertura y tipo de cambio atrasado, retrae la inversión. La Argentina fue el peor país de la región 2025 en captación de inversiones extranjeras directas. La caída del mercado interno lleva al cierre de líneas de producción de automotrices, quiebras de empresas aún en alimenticias, con inversores extranjeros que venden su participación en diversos sectores aún en supermercados. Los inversores no prevén una mejora sostenida en la demanda en 2026 y 2027.
El mercado inmobiliario también sufre un costo de la construcción creciente que no se ve reflejado en incrementos en los precios de los inmuebles, lo que quita incentivos a la construcción. La recuperación de créditos hipotecarios puede ayudar, pero aun bajando las tasas la relación entre el valor de la cuota y los salarios limita una expansión significativa del crédito. La retracción de la obra pública tampoco ayuda al sector y se refleja en el debilitamiento de sectores económicos relacionados.
Si bien el gobierno está tomando algunas medidas para paliar los efectos, como por ejemplo limitar la reducción de subsidios energéticos y transporte, frenar el aumento de las naftas, bajar las tasas de interés o frenar el ritmo de la motosierra (que desacelera la caída del gasto), no toma medidas de una profundidad que permitan apuntalar a la economía real.
La mirada oficial es que la gente valorará una mayor caída en la inflación, dato que se ve reflejado en el hecho de que, en mayo, hay una recuperación en la imagen del Gobierno por la reducción en la inflación. Este hecho y la falta de una oposición organizada que presente una propuesta alternativa le hace al Gobierno ilusionarse con un triunfo a pesar de los hechos de corrupción. Algo parecido a lo sucedido a mediados de los años 90, cuando el Presidente Menem fue reelecto a pesar de la evidente corruptela y la fuerte caída del PBI en 1995 por el efecto tequila, con el consiguiente aumento significativo del desempleo.
Por supuesto que un tema clave será la estabilidad cambiaria. El fundamento de esa calma es el buen dato de la balanza comercial. El superávit de abril fue de USD 2.711 millones, el mayor desde 1990, cuando el Indec inició la serie comparable. Las exportaciones en el cuarto mes crecieron 34% interanual y las importaciones por la caída en la actividad cayeron 4%.
En los primeros cuatro meses del año, el saldo acumulado supera los USD 8.300 millones, siete veces lo generado en el mismo período de 2025. La energía fue el motor más visible en abril: aportó un superávit de USD 1.402 millones, también récord histórico (por volúmenes crecientes desde Vaca Muerta). Desde la demanda, las empresas ya giraron al exterior cerca de USD 1.600 millones en dividendos durante 2026, y las personas siguen batiendo récords de compra de dólares, no obstante lo cual, las reservas siguieron subiendo, porque el segundo trimestre es el período estacionalmente fuerte en el campo y las empresas energéticas se endeudaron en el exterior, lo que en el corto plazo permitió tal superávit en el balance cambiario.
El segundo semestre y especialmente 2027, año electoral, serán claves para analizar si el Gobierno puede mantener la estabilidad cambiaria con un bajo nivel de reservas. La guerra viene jugando a favor del superávit energético por la suba en los precios de la energía, la evolución del conflicto y el resultado de las elecciones en Estados Unidos en noviembre determinarán si la estabilidad cambiaria apuntala la recuperación y si la incertidumbre global y local retrae y favorece al sector externo.
El escenario más probable es que la actividad económica tenga un resultado mediocre. No se observan motores que puedan apuntalar la actividad. La estabilidad cambiaria puede jugar a favor en 2026 pero 2027 será de mínima "desafiante".
No se observa que el Gobierno cambie sus políticas -solo paliarlas en el margen- a pesar de los costos en actividad y empleo presentes y futuros, porque el Gobierno asume que le alcanza con una inflación controlada y la división opositora para ganar las elecciones. Un posible revival de la segunda mitad de los 90, cuando reelige el oficialismo.
El mundo, la tecnología, el estado de la sociedad y el aparato productivo no son los mismos que hace 30 años. Tampoco existían en los 90 las políticas compensatorias (AUH, Plan Alimentar) y otros programas que mantienen a duras penas provincias y municipios.
Nuestro Wall Street puede vivir una bonanza por la estabilidad cambiaria de corto plazo, pero en algún momento la crisis de la economía real puede deteriorar a la economía financiera. ¿Un deja vu de 2018-2019?.
El Gobierno goza de una balanza energética que no existía en la pre-pandemia. Pero a la larga y salvo una bonanza profunda del precio de los commodities que permita conciliar en el tiempo el equilibrio externo con el retroceso productivo, la tolerancia social puede irse perdiendo en el mediano plazo.
Ello tendrá inevitablemente un correlato económico y electoral, pero el post 2027 es el muy largo plazo, tanto para analistas económicos como para los ciudadanos argentinos. Los efectos de la crisis de un modelo cuya sustentabilidad está sujeto al ciclo de los commodities quizás se note cuando ya sea demasiado tarde.
En el interín el tiempo es una variable clave para quienes toman decisiones y poder valorar los posibles escenarios e implicancias. Como magistralmente dijo el escritor, sacerdote y diplomático estadounidense Henry Van Dyke, "El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que tienen miedo, muy largo para los que lamentan, muy corto para los que festejan...". La frase de Van Dyke termina con "pero para los que aman, el tiempo es una eternidad". Habrá que ver cómo esta aguda reflexión sobre el tiempo y la subjetividad social incide en la política, en la economía y en las finanzas, especialmente cómo se interpreta y encaja tanto en los "focus group" como en las planillas Excel.
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