A través de un recorrido visual, relatos, testimonios, un espacio de micrófono abierto y el emotivo ritual del fuego, la comunidad volvió a encontrarse para recordar a quienes ya no están y renovar el compromiso colectivo frente a las violencias por motivos de género.
Uno de los momentos más movilizantes fue escuchar los nombres y las historias detrás de cada femicidio. Lola caminaba por la playa. Ángeles volvía de clases. Sofía estaba en su casa. Catalina estudiaba en la universidad. Candela tenía apenas 11 años. Natalia, 15. Agostina había salido a comprar un regalo para su mamá. Noelia había decidido separarse. Laura Iglesias realizaba una visita domiciliaria.
No son cifras. Son vidas, proyectos, familias y sueños que fueron arrebatados.
Durante el encuentro, las licenciadas Nerina Guarnieri y Luz Aguirre, de la Mesa Local, compartieron una reflexión sobre una realidad que sigue golpeando con fuerza: en lo que va de 2026 se registraron 99 femicidios y transfemicidios en el país, lo que representa una víctima cada 31 horas.
A 11 años del primer Ni Una Menos, el dolor persiste, pero también la convicción de seguir construyendo redes, promoviendo el compromiso de toda la sociedad y exigiendo respuestas que garanticen una vida libre de violencias para mujeres y diversidades.
El cierre estuvo marcado por el tradicional ritual del fuego, un momento profundamente simbólico que emocionó hasta las lágrimas a quienes participaron de la actividad, transformando el dolor en memoria colectiva y en un renovado compromiso por una sociedad más justa e igualitaria.
Porque detrás de cada nombre hay una ausencia que duele. Y porque el reclamo sigue siendo el mismo: Ni Una Menos.