A siete meses de que los propietarios del frigorífico Euro decidieran abandonar el emprendimiento, los trabajadores de la planta ubicada en avenida San Diego 1948, en Villa Gobernador Gálvez, retomaron la producción por sus propios medios. Un grupo de obreros del sector frigorífico volvió a poner en marcha la línea de procesamiento de tripas para embutidos y menudencias, en una muestra de fuerza de trabajo y resistencia que ya reunió a 30 operarios y a 15 familias que viven dentro del predio.
«Lo único que queremos es trabajar y que esto sea productivo», resumió el delegado del Sindicato de la Carne, Walter Navarro, en diálogo con Rosario/12. El dirigente explicó que la iniciativa comenzó hace «tres semanas o un poco más» con apenas 12 o 13 entusiastas. Hoy son cerca de 30 los que limpian y calibran tripa de vaca y de cerdo en la planta, nacida en la década del 90 como un proyecto de la familia local Lequio, que actualmente orienta un pujante grupo frigorífico.
La historia de Euro es un reflejo de tantas otras plantas frigoríficas que atravesaron la crisis del sector. Hace siete meses, los dueños desistieron de darle continuidad al emprendimiento, dejando a decenas de familias sin sustento. La respuesta de los trabajadores fue contundente: quince familias ocuparon el predio y viven allí desde entonces, porque al quedarse sin sueldo no pudieron mantener los alquileres de sus viviendas.
Pero no solo resistieron: decidieron producir. «Arrancamos produciendo la mercadería que había quedado ahí y un empresario de la zona nos empezó a traer mercadería de él para seguir produciendo«, relató Navarro. Ese gesto de un inversor local permitió reactivar parcialmente la línea de producción, aunque los trabajadores mantienen abiertas todas las alternativas para garantizar la continuidad: esperan el resultado de negociaciones con un interesado en comprar o asociarse, y al mismo tiempo exploran la posibilidad de conformar una cooperativa de trabajo.
El crecimiento de la iniciativa es vertiginoso. «Arrancó con doce o trece compañeros los dos o tres primeros días, y hoy somos cerca de treinta los que estamos trabajando», destacó el delegado.
El regreso a la actividad entusiasma a los obreros, que ven viable el proyecto. La planta procesadora de tripas y menudencias abastecía hasta hace poco al mercado local y también exportaba su producción, lo que demuestra, a criterio de los trabajadores, que el emprendimiento tiene futuro si se le da continuidad.
Los trabajadores del frigorífico Euro no solo reclaman fuentes de empleo: están demostrando que pueden sostener la producción sin los dueños originales. «Muestra de que la planta fabril es viable», remarcó Navarro. La experiencia se asemeja a otras recuperaciones de fábricas en Argentina, aunque en este caso con el agravante de que 15 familias viven dentro de la planta, convirtiendo la lucha por el trabajo en una lucha también por la vivienda.
El sindicato sigue de cerca el proceso mientras los trabajadores aguardan novedades sobre el posible inversor y avanzan en los trámites para evaluar la figura cooperativa. Por ahora, la faena sigue, aunque a ritmo artesanal y con esperanza. «Lo único que queremos es trabajar», repiten una y otra vez.
El caso de Euro ya comenzó a correr de boca en boca en el cordón industrial del Gran Rosario, y fuentes gremiales advierten que podría sentar un precedente en un sector golpeado por el cierre de plantas y la precarización laboral. Mientras tanto, en Villa Gobernador Gálvez, 30 operarios limpian tripa de vaca y de cerdo con la convicción de que, aunque los dueños se hayan ido, la fábrica no tiene por qué morir.
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