A pocos días de cumplirse diez meses del cierre de la planta de ILVA en el Parque Industrial de Pilar, decenas de trabajadores continúan sosteniendo un acampe frente a la fábrica en reclamo del pago de salarios adeudados e indemnizaciones. La histórica empresa ceramista, perteneciente a la familia Zanon, bajó sus persianas a fines de agosto de 2025 y dejó en la calle a unos 300 trabajadores.
Lo que inicialmente fue una reacción inmediata ante un mensaje de WhatsApp que anunciaba una supuesta paralización temporal por tareas de mantenimiento, terminó convirtiéndose en uno de los conflictos laborales más extensos y dolorosos de los últimos tiempos en el sector industrial.
Desde entonces, los trabajadores denuncian que nunca recibieron respuestas concretas sobre el pago de las deudas laborales ni sobre el futuro de la empresa, que actualmente tramita un concurso de acreedores en la Justicia Comercial.
De una fábrica líder a una protesta permanente
ILVA fue durante décadas una de las principales fabricantes de pisos y revestimientos cerámicos del país. Incluso fue reconocida por desarrollar el primer porcelanato producido en Argentina y por convertirse en una de las empresas exportadoras más importantes del sector.
Sin embargo, la crisis de la construcción, la caída del consumo interno, el aumento de los costos productivos y la creciente competencia de productos importados fueron deteriorando la situación económica de la compañía hasta desembocar en el cierre definitivo.
El 29 de agosto de 2025 los trabajadores recibieron un mensaje informando que la planta permanecería cerrada por mantenimiento. Apenas tres días después llegaron los telegramas de despido para toda la plantilla.
«Nos cambió la vida»
Marcelo Barrionuevo, exdelegado de la planta y uno de los referentes del reclamo, resume la situación con una frase que se repite entre los despedidos: «Nos cambió la vida».
Barrionuevo ingresó a la empresa cuando tenía 22 años. Fue despedido a los 46, luego de más de dos décadas de trabajo y con siete hijos a cargo.
«Somos trabajadores que nos levantábamos a las cuatro de la mañana para ir a la fábrica y, de un día para el otro, nos dejaron en la calle sin nada. Nos cambió la vida. Hoy tenemos que hacer una olla popular en la puerta de ILVA para poder comer», relató.
Actualmente, de los 300 despedidos originales, alrededor de 150 continúan participando activamente del acampe. Algunos lograron conseguir trabajos temporarios, otros iniciaron demandas judiciales y muchos sobreviven realizando changas, trabajos de albañilería o conduciendo vehículos de aplicaciones.
Vivir en un acampe
Las condiciones en las que se desarrolla la protesta reflejan el profundo deterioro social que provocó el cierre de la planta.
Los trabajadores permanecen en tres gazebos improvisados con lonas, cartones y tarimas donadas por vecinos y organizaciones solidarias. El Municipio de Pilar aporta baños químicos y algo de asistencia alimentaria, mientras que buena parte de la subsistencia diaria depende de donaciones.
La Agrupación Obrera Ceramista Filial Nº 2 también colabora con alimentos, ayuda para transporte y otros elementos básicos para sostener la permanencia.
Las familias participan de manera activa en el reclamo. Muchas esposas e hijos concurren diariamente al lugar para compartir las comidas comunitarias y acompañar una lucha que ya lleva casi un año.
Historias de angustia
Detrás de los números aparecen historias dramáticas que exponen el impacto humano del conflicto.
Entre los despedidos hay trabajadores que estaban a pocos años de jubilarse y que hoy enfrentan enormes dificultades para reinsertarse laboralmente. También se registran casos de empleados que atravesaban tratamientos oncológicos y perdieron la cobertura médica, así como familias con hijos con discapacidad que quedaron sin asistencia sanitaria.
Otros trabajadores fueron desalojados por no poder afrontar los alquileres y tuvieron que regresar a vivir con familiares.
La esperanza puesta en la Justicia
El conflicto permanece ahora en manos de la Justicia Comercial. El concurso de acreedores tramita en el Juzgado Comercial Nº 13 de la Ciudad de Buenos Aires y los trabajadores aguardan una resolución que permita recuperar al menos parte de los salarios e indemnizaciones que consideran les corresponden.
A casi diez meses del cierre, las carpas instaladas frente a la planta son el reflejo de una crisis que trasciende a una empresa. Para los trabajadores, representan la resistencia de cientos de familias que aún esperan una respuesta después de haber dedicado gran parte de su vida a una fábrica que durante años fue un emblema de la industria cerámica nacional.
Fuente_mundogremial