Para Milei los mariscales de la derrota y la debacle macrista, no son la casta.
“El cambio” fue una de las consignas más poderosas de la campaña presidencial. La promesa era romper con la política tradicional, terminar con “la casta” y construir un gobierno integrado por una nueva generación de dirigentes. Sin embargo, la realidad de la gestión terminó recorriendo otro camino.
A medida que pasaron los meses, el gabinete nacional comenzó a teñirse de amarillo. Primero fueron incorporaciones puntuales. Después llegaron los nombramientos en áreas estratégicas. Finalmente, el desembarco del PRO dejó de ser una excepción para convertirse en una característica estructural del Gobierno.
La lista es extensa. Patricia Bullrich conduce Seguridad. Luis Caputo sigue al frente de Economía. Federico Sturzenegger encabeza la transformación del Estado. Pablo Quirno ocupa un lugar clave en el equipo económico, sin dejar de lado a Ritondo. A ellos se suman decenas de funcionarios de primera, segunda y tercera línea con pasado en los gobiernos de Mauricio Macri, en la Ciudad de Buenos Aires o en administraciones del PRO.
El fenómeno ya no admite demasiadas interpretaciones. La Libertad Avanza ganó las elecciones, pero para gobernar recurrió a la experiencia, la estructura y los de la decandencia de políticos del macrismo.
Paradójicamente, quienes durante la campaña eran señalados como parte de “la casta” hoy son los responsables de ejecutar buena parte de las políticas públicas del Gobierno.
No deja de ser una ironía política. Milei llegó prometiendo reemplazar a la dirigencia tradicional. Tres años después, una parte sustancial de su administración está integrada por dirigentes que construyeron su carrera dentro del PRO.
No ganó el PRO. No volvió Mauricio Macri a la Casa Rosada. Pero el macrismo nunca había tenido tanta presencia en un gobierno que no llevara su nombre.
El Presidente conserva el liderazgo. Sin embargo, el funcionamiento cotidiano del Estado descansa, en buena medida, sobre funcionarios identificados con el PRO.
Al final, el cambio existió. Pero no fue el que muchos imaginaron. La revolución libertaria terminó apoyándose en los r eferentes que llevaron al abismo al macrismo, hoy son los elegidos para gobernar. Y esa es, probablemente, una de las mayores paradojas de la política argentina contemporánea.
*Analista político - Colaborador