La tensión en el oficialismo ya estaba latente, pero el fusible terminó de saltar luego de que el funcionario decidiera lanzarse abiertamente como candidato a intendente ante los principales actores políticos de la localidad. Este movimiento de piezas de cara al círculo rojo y a la dirigencia, lejos de ser percibido como una aspiración natural, cayó de la peor manera en el despacho principal: la postulación se concretó sin la bendición del alcalde.
El enojo llegó de forma directa a los oídos del intendente, a quien describen por estas horas como "muy molesto" con la situación. En el riñón del marinismo la lectura es unánime y tajante: consideran que haber blanqueado la candidatura frente a la tropa propia y ajena representa "un golpe muy bajo" y una abierta falta de códigos.
Sin embargo, lo que verdaderamente terminó de enfurecer al entorno del jefe comunal no fue solo la ambición de la jugada, sino el doble discurso. Desde el corazón del oficialismo aseguran tener constancia de que, "por lo bajo" y de manera sistemática en esas mismas reuniones políticas, el ahora precandidato viene desplegando una crítica muy enfática hacia la gestión y la figura del propio intendente. Según fuentes confiables, quien más impulsa y apuntala esta precandidatura seria el Camporista Juan Ensone, que si bien no se muestra, envía las directivas por medio de su alfil Santiago Dalmau.
Para el esquema marinista, pretender instalarse como el sucesor ante los armadores políticos mientras en privado se esmerila la conducción actual es una contradicción intolerable. Con las cartas sobre la mesa y los reproches cruzados, la calle Balcarce quedó bajo la lupa. Resta ver si el intendente optará por contener el daño o si, ante una tensión que ya se volvió insostenible, habrá consecuencias inmediatas en el gabinete.
*Analista político - colaborador