Se sufrió mucho. Demasiado. Por eso el final de noche se disfruta mucho más. La victoria de la Selección 3-1 sobre Suiza gracias a un remate fantástico de Julián Álvarez y la definición de Lautaro Martínez en el tiempo extra, le permitió a la Scaloneta acceder nuevamente a la semifinal de la Copa del Mundo, que jugará el miércoles ante Inglaterra.
Fue el peor partido de Argentina, que no jugó bien nunca. Fue un partido con malas sensaciones de principio a fin. Sin claridad para manejar la pelota, no mostró solidez ni estuvo certero con la pelota en la mitad de la cancha. Fue, apenas, un equipo de ráfagas. Y con el corazón en la mano, lo terminó liquidando en el final, cuando un golazo fuera de todos los libros de Julián Álvarez rompió la defensa de Suiza, a la que no había por donde entrarle.
Con vibras de equipo desgastado como aquel de 1990, Argentina está nuevamente en etapa de definiciones y jugará la totalidad de los partidos del Mundial. Inglaterra será otra cosa, pero para un equipo que tiene la adversidad como combustible, tener enfrente a semejante rival -un clásico tanto dentro como fuera de la cancha- puede provocarle a este equipo ese chispazo de rebeldía que solo mostró en la épica levantada ante Egipcio. Queda claro que Jude Bellinham y Harry Kane son otra historia, pero para esta Argentina todo es posible. Queda volver a creer.