Se apagó Jorge Messi y la primera sensación es empatizar con el dolor de Lionel. Y entenderlo mucho más. Sentirlo, aunque sea muy de costado. Pero sentirlo
Lunes 10 de Agosto de 2026
Nº de Edición 1683

"EL MUNDIAL QUE JUGO POR SU PAPÁ"

Se apagó Jorge Messi y la primera sensación es empatizar con el dolor de Lionel. Y entenderlo mucho más. Sentirlo, aunque sea muy de costado. Pero sentirlo

8/08/2026 | Porque ahora muchas cosas empiezan a tener otro sentido.

Por: Redacción

Durante el Mundial 2026 hubo una pregunta que se repitió una y otra vez: ¿cómo podía Messi, con 39 años, correr como un pibe?

¿Cómo podía llegar al minuto 90 y seguir yendo detrás de cada pelota? ¿De dónde sacaba fuerzas para levantarse después de cada golpe, de cada partido imposible, de cada resultado que Argentina tuvo que remontar?

Fue una de las grandes sorpresas del Mundial.

Messi corrió. Luchó. Se emocionó. Lloró. Y llevó a la selección argentina hasta otra final del mundo.

Lo que nosotros no sabíamos era que, mientras millones sufríamos por un partido de fútbol, Lionel estaba jugando otro mucho más difícil.

Su papá estaba enfermo.

Jorge, el hombre que estuvo desde el comienzo de esta historia, peleaba su propia batalla mientras su hijo disputaba el último Mundial de su vida.

Y entonces aquellas imágenes empiezan a verse de otra manera.

Sus lágrimas. Sus ojos vidriosos. Los abrazos interminables con sus compañeros.

No sabemos qué pasaba por la cabeza de Lionel en cada uno de esos momentos. Ese dolor le pertenece a él y a su familia.

Pero ahora sabemos algo más.

Messi no estaba jugando solamente por Argentina. Ni solamente por otra Copa del Mundo.

También estaba jugando por su viejo.

Antes de Messi estaba Jorge.

Quizá por eso no haga falta buscar tantas explicaciones físicas para entender cómo un futbolista de 39 años podía correr de aquella manera.

Había algo mucho más profundo empujándolo.

La Copa finalmente no pudo ser. España ganó aquella final y nos dejó una tristeza enorme.

Pero hoy eso parece insignificante.

Porque mientras nosotros sufríamos por una pelota que entraba o no entraba, Messi atravesaba algo infinitamente más importante.

Y aun así salió a jugar.

Corrió.

Luchó.

Llegó hasta el final.

Ahora sabemos un poco más por qué Messi corría como corría.

Este último Mundial lo jugó por su papá.

Crédito_@cholitolaurino