Durante mucho tiempo, determinados funcionarios públicos de parecieron contar con un beneficio que cualquier vecino común no tiene: espacios de estacionamiento prácticamente reservados para quienes ocupan un cargo político.
Mientras los vecinos dan vueltas buscando dónde estacionar, respetan las normas y muchas veces terminan dejando sus vehículos a varias cuadras de destino, algunos funcionarios podían llegar a sus oficinas y encontrar el lugar prácticamente asegurado.
Ahora, la pregunta es inevitable:
¿Se terminaron definitivamente los espacios exclusivos de estacionamiento para funcionarios públicos?
Si realmente desaparecieron, habrá que reconocer que es una buena decisión. Porque ocupar un cargo público no convierte a nadie en ciudadano de primera categoría.
No alcanza con hablar de austeridad, igualdad y cercanía con los vecinos. También hay que demostrarlo en los pequeños gestos cotidianos.
Los funcionarios tienen que entender que los privilegios no forman parte del sueldo, ni del cargo, ni de ninguna función pública.
La calle es de todos. El estacionamiento también.
Y si finalmente se terminó el llamado “estacionamiento VIP” para funcionarios, la pregunta que queda flotando es:
¿Qué otros privilegios todavía quedan por eliminar?