Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió ayer a Colombia y dejó al menos 111 muertos y 87 heridos, además de personas atrapadas bajo los escombros. El movimiento ocurrió a las 7:34 de la mañana y tuvo su epicentro en las cercanías de San José del Palmar, en el departamento de Chocó. Por la magnitud de la tragedia, el presidente Abelardo de la Espriella anunció que el Gobierno declarará una emergencia nacional para agilizar el traslado de recursos hacia las zonas afectadas.
El mandatario informó que, hasta el momento, se contabilizaron 1.575 viviendas averiadas, 61 edificios colapsados y 18 centros de salud dañados. La prioridad, señaló, es localizar y rescatar a quienes permanecen atrapados. Para coordinar las tareas fue instalado un puesto de mando unificado, mientras equipos de emergencia, autoridades y voluntarios trabajan en distintos puntos.
Risaralda, Valle del Cauca y Chocó concentran buena parte de las víctimas y los daños. En Pereira se registraron importantes afectaciones y la telefonía móvil quedó interrumpida en gran parte de la ciudad. En Cali, equipos de rescate y vecinos removieron escombros a mano en busca de sobrevivientes.
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La gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, informó además que una parte del Hospital Universitario de Cali se derrumbó y que al menos cinco pacientes de terapia intensiva quedaron bajo los restos.
La emergencia también provocó una fuerte incertidumbre entre familiares. Más de 1.400 personas fueron reportadas como no localizadas a través de una página creada por ciudadanos.
En zonas rurales, la preocupación se multiplicó por la fragilidad de algunas viviendas construidas con bahareque, un sistema tradicional de palos y barro.
El Servicio Geológico Colombiano calificó el terremoto como el de mayor magnitud registrado en el país durante el siglo XXI. Después del movimiento principal se contabilizaron 21 réplicas en San José del Palmar y Sipí, en Chocó, y las autoridades advirtieron que podrían continuar. La profundidad, situada alrededor de los 100 km según los reportes oficiales, fue un factor que ayudó a limitar parte de los efectos en superficie pese a la enorme magnitud del evento.
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Los daños también alcanzaron infraestructura clave. La Aeronáutica Civil suspendió las operaciones en los aeropuertos de Pereira, Manizales, Quibdó, Armenia, Cartago y Buenaventura para evaluar posibles daños estructurales. El movimiento se sintió además en Panamá y Ecuador, donde algunas personas evacuaron edificios, aunque no se informaron víctimas ni daños importantes.
De la Espriella, que asumió el cargo el fin de semana, enfrenta su primera gran crisis. Anticipó que viajará a las zonas golpeadas para supervisar la respuesta y acompañar a las comunidades durante el rescate.