Necesitamos recuperar algunos acuerdos básicos
Domingo 16 de Agosto de 2026
Nº de Edición 1689

VOLVER A ENCONTRARNOS!!!

Necesitamos recuperar algunos acuerdos básicos

16/08/2026 | Hay algo que deberíamos preguntarnos, más allá del partido al que pertenezcamos o de a quién hayamos votado: ¿en qué momento empezamos a creer que para tener razón necesitamos que el otro esté completamente equivocado?

Por: Ricardo Martín Angos*

Nos hemos acostumbrado demasiado a una política de extremos. Oposición u Oficialismo. Estado o Mercado. Trabajadores o Empresarios. Derecha o Izquierda. Todo parece obligarnos a elegir un lado y, una vez elegido, defender todo lo propio y rechazar todo lo ajeno.

Así es muy difícil construir una comunidad.

Argentina conoce demasiado bien esta historia. Durante décadas nos hemos movido como un péndulo. Cada etapa llega convencida de que debe comenzar nuevamente, desarmando buena parte de lo anterior. Y mientras discutimos quién tuvo la culpa, hay problemas que atraviesan gobiernos, partidos y generaciones.

La educación, el trabajo, la producción, la salud, la infraestructura o el desarrollo de nuestras comunidades no pueden empezar de cero cada cuatro años.

Necesitamos recuperar algunos acuerdos básicos.

Esto no significa pensar todos igual. Tampoco abandonar nuestras convicciones. Una democracia necesita diferencias, oposición, discusión y control. Pero una cosa es tener adversarios y otra muy distinta es necesitar enemigos.

Tal vez haya llegado el momento de recuperar el valor de los matices.

Una buena idea no deja de ser buena porque la proponga alguien que piensa distinto. Y una mala decisión no se vuelve correcta solamente porque provenga de nuestro propio espacio.

Parece sencillo decirlo. Lo difícil es practicarlo.

También deberíamos abandonar algunas falsas contradicciones.

Una sociedad necesita empresarios que inviertan, comerciantes que crezcan, productores que produzcan y emprendedores que se animen. Sin inversión y producción no existe empleo sostenible ni riqueza para distribuir.

Pero también necesita trabajadores con derechos y salarios dignos, y un Estado presente donde realmente hace falta: garantizando educación, salud, infraestructura, reglas claras y oportunidades para quienes comienzan la vida desde lugares diferentes.

No deberíamos tener que elegir entre libertad y justicia social.

Necesitamos ambas.

Tampoco entre Estado y mercado. Necesitamos un Estado que funcione y un sector privado que pueda desarrollarse.

Y ayudar a quien lo necesita no debería significar condenarlo a depender permanentemente de la ayuda. La verdadera inclusión consiste en acompañar, pero también en generar las herramientas para que cada persona pueda construir su propio camino: educación, capacitación, trabajo, crédito, vivienda y oportunidades.

Hay otra verdad sencilla que la política debería animarse a reconocer: hay buena gente en todos lados.

Hay personas integras y capaces en diferentes partidos políticos. También fuera de ellos. En las empresas, en los sindicatos, en las universidades, en los comercios, en el campo, en las escuelas, en los clubes y en nuestras instituciones.

Ningún espacio tiene el monopolio de la decencia, de la sensibilidad social o de la inteligencia.

¿Cuánto talento desperdiciamos simplemente porque primero preguntamos de dónde viene una idea antes de preguntarnos si esa idea puede servir?

Quizás sea en nuestras propias comunidades donde podamos empezar a cambiar esta lógica.

En el pago chico las diferencias ideológicas se encuentran inevitablemente con la realidad.

Nos cruzamos en la calle. Nuestros hijos van a las mismas escuelas. Compramos en los mismos comercios. Utilizamos los mismos servicios. Transitamos las mismas calles. Cuando falta agua, cuando no hay trabajo o cuando alguien necesita atención médica, el problema no pregunta a quién votamos, nos pega a todos.

Una calle rota no es oficialista ni opositora.

Una escuela no es de izquierda ni de derecha.

Un vecino que necesita trabajo no debería necesitar una identidad partidaria para encontrar una oportunidad.

Por eso creo en una política que vuelva a sentar personas diferentes alrededor de una misma mesa.

No para estar de acuerdo en todo.

Para discutir cuando haya que discutir. Para controlar cuando haya que controlar. Para marcar diferencias cuando sean necesarias.

Pero también para escuchar.

Para reconocer una buena propuesta.

Para acompañarla aunque no sea nuestra.

Y para construir acuerdos que puedan sobrevivir a quienes circunstancialmente ocupamos una responsabilidad pública.

Buscar equilibrio no significa ser tibio.

Hay injusticias frente a las cuales debemos ser firmes y decisiones que requieren convicciones. Pero tener convicciones no debería impedirnos escuchar. Y reconocer que alguien que piensa distinto puede tener razón no nos hace más débiles.

Nos hace más libres.

Quizás el cambio que necesitamos sea menos grandilocuente de lo que imaginamos.

Tal vez empiece cuando un oficialista pueda reconocer un acierto de la oposición y cuando un opositor pueda acompañar una buena decisión del gobierno sin sentir que está traicionando su lugar.

Cuando podamos discutir una idea por lo que propone y no solamente por quién la presenta.

Cuando dejemos de preguntarnos quién gana políticamente con cada decisión y volvamos a preguntarnos algo mucho más importante: ¿esto mejora o no la vida de nuestra gente?

No necesitamos inventar otra ideología para conseguirlo.

Necesitamos recuperar algo anterior a las ideologías: sentido común, sensibilidad social, responsabilidad, libertad para pensar y voluntad de construir con otros.

Podemos seguir moviéndonos de un extremo al otro y empezar nuevamente cada vez que cambia el viento político.

O podemos intentar algo diferente. Desde el pago chico.

Porque no se trata de pensar todos igual.

Se trata de comprender que, aun pensando distinto, compartimos el mismo lugar, los mismos problemas y, sobre todo, el mismo futuro.

Quizás sea por ahí.

Quizás antes de intentar cambiar el país tengamos que volver a aprender algo mucho más sencillo: ENCONTRARNOS!

*Ricardo Martín Angos - Concejal HCD Patagones - Bloque Patagonia Bonaerense