En una comunidad como la nuestra nos conocemos. Nos cruzamos. Compartimos instituciones, clubes, escuelas, comercios, fiestas y preocupaciones. Podemos votar distinto y, al día siguiente, encontrarnos haciendo la fila en el mismo lugar. Esa cercanía debería enseñarnos algo: antes que adversarios políticos, somos vecinos.
Por eso creemos que la política local necesita conservar cierta autonomía de criterio.
Todos podemos tener pertenencias, ideas y convicciones. Son legítimas y necesarias. Pero también debemos comprender que no toda discusión que llega desde otros lugares tiene que convertirse automáticamente en una discusión nuestra. A veces las estructuras políticas nacionales o provinciales trasladan debates, instrucciones y enfrentamientos nacidos a cientos de kilómetros de distancia que poco tienen que ver con lo que está pasando en nuestras calles.
Y allí aparece una responsabilidad que no podemos delegar.
Cuando una decisión obliga a elegir entre una conveniencia partidaria y una necesidad concreta de nuestra comunidad, Patagones tiene que estar primero.
Eso no significa renunciar a nuestras convicciones. Significa recordar para qué las tenemos.
También necesitamos recuperar el valor del acuerdo. Durante demasiado tiempo se instaló la idea de que acordar es ceder, que conversar es mostrar debilidad o que reconocer algo bueno realizado por otro disminuye nuestros propios méritos.
Creo exactamente lo contrario.
Los acuerdos importantes son aquellos capaces de sobrevivir a quienes circunstancialmente ocupamos una función. Una obra, una política pública, una institución o un proyecto verdaderamente valioso no debería desaparecer simplemente porque cambió un gobierno o porque otro dirigente ocupará mañana nuestro lugar.
Construir esos acuerdos exige escuchar. Y escuchar implica aceptar algo elemental: nadie tiene todas las respuestas.
La política suele tentarnos con la autosuficiencia. Podemos empezar a creer que avanzar solos nos hace más fuertes, que consultar demora, que compartir decisiones resta protagonismo o que necesitar de los demás demuestra fragilidad. Pero la experiencia cotidiana enseña otra cosa: cuando alguien comienza a pensar que puede hacerlo todo solo, generalmente también comienza a dejar de escuchar aquello que necesita saber.
El poder, especialmente en una comunidad pequeña, nunca debería convertirse en una propiedad personal. Es apenas una responsabilidad que los vecinos nos prestan durante un tiempo.
Y por eso también importa la memoria.
Nadie llega solo a ningún lugar!
Detrás de cada persona que alcanza una responsabilidad pública hay muchas otras que estuvieron antes: quienes confiaron cuando todavía no había cargos ni reconocimientos; quienes acompañaron; quienes abrieron una puerta; quienes dieron un consejo; quienes señalaron un error; quienes fiscalizaron la elección; quienes trabajaron silenciosamente; quienes estuvieron en los momentos buenos y, sobre todo, quienes permanecieron cuando las cosas fueron difíciles.
Recordarlos y reconocerlos no es nostalgia ES GRATITUD!
Y la gratitud es una forma de hacer política.
Nos recuerda de dónde venimos y evita que confundamos circunstancialmente ocupar un lugar con ser amos en ese lugar. Las funciones pasan. Las instituciones permanecen. Y los vínculos humanos que construimos durante el camino dicen mucho más de nosotros que cualquier cargo.
Quizás allí podamos encontrar una manera más madura de convivir políticamente.
Podemos discutir sin convertirnos en enemigos. Podemos disentir y volver a sentarnos a conversar al día siguiente. Podemos acompañar una buena propuesta aunque haya nacido en otro espacio. Podemos reconocer el trabajo de quien estuvo antes y construir algo mejor para quien venga después.
No necesitamos pensar todos igual.
Necesitamos algo bastante más sencillo y, al mismo tiempo, más difícil: aprender a construir juntos aun pensando diferente.
Porque al final de cada mandato nadie debería preguntarse cuántas discusiones ganó, cuántos titulares consiguió o cuántas veces logró imponer su voluntad.
La pregunta debería ser mucho más simple:
¿Nuestra comunidad quedó un poco mejor que cuando llegamos?
Si la respuesta algún día es sí, seguramente no será mérito de una sola persona.
Será porque hubo vecinos, instituciones, trabajadores, concejales, funcionarios y dirigentes capaces de encontrarse alrededor de una misma mesa y comprender algo que nunca deberíamos olvidar:
en nuestra casa común puede haber muchas voces, pero el futuro tenemos que construirlo entre todos.
Tenemos que ENCONTRARNOS!!!
*Ricardo Matín Angos - Bloque Ptatagonia Bonaerense HCD Patagones