Celular, tablet, computadora, televisión… Las pantallas forman parte de nuestra vida diaria y nos permiten comunicarnos, estudiar, entretenernos, informarnos y compartir. Por eso, hablar de un uso saludable no significa pensar solamente en cuántas horas pasamos frente a ellas.
El uso de las pantallas puede empezar a ser un problema cuando comienza a afectar otros aspectos de nuestra vida cotidiana.
Cuando cuesta dejarlas
Si apagar el celular, el tele o la computadora genera enojo, irritación o malestar, puede ser una señal para prestar atención a cómo estamos usando las pantallas.
Cuando afecta el descanso
Acostarse cada vez más tarde para seguir conectados/as, dormir menos o necesitar estar con el celular hasta el último momento del día puede interferir con el descanso.
Cuando desplaza otros espacios
Si las pantallas empiezan a ocupar el lugar del encuentro con amigos/as o familia, el juego, el estudio, el deporte u otras actividades que disfrutábamos, es importante detenernos a observar qué está pasando.
Cuando cuesta concentrarse sin estímulos
Pasar constantemente de una aplicación a otra, revisar notificaciones o necesitar estímulos permanentes puede hacer más difícil sostener momentos de concentración, espera o incluso de aburrimiento.
Cuando afecta nuestro estado de ánimo
La irritabilidad, la ansiedad, la angustia o el malestar pueden aparecer vinculados al uso de redes sociales, a la comparación con otras personas o a la necesidad de estar permanentemente conectados/as.
Prevenir no significa prohibir ni alejarnos de la tecnología. Significa poder preguntarnos qué lugar ocupan las pantallas en nuestra vida y si ese uso nos permite seguir cuidando el descanso, los vínculos, el estudio, el juego, el movimiento y otros espacios importantes.
Si tenés dudas o consultas, podés comunicarte con nosotras:
Instagram: @programadeprevencionconsumos
Teléfono: 2983 608497