En la política territorial, el presupuesto suele funcionar como el mejor anestésico para las diferencias internas. En el Partido de Patagones, la estrategia del intendente Ricardo Marino pareció clara desde el inicio: garantizar la gobernabilidad mediante el reparto de la estructura pública entre casi todas las tribus del peronismo y sus aliados. Sin embargo, a medida que la gestión avanza, el modelo exhibe los límites de una ecuación tan pragmática como frágil: hay contención económica para la tropa, pero un marcado vacío en la conducción política.
Con contadas excepciones —como el curettismo y el Frente Grande, que optaron por mantenerse al margen—, prácticamente todo el abanico del oficialismo local aceptó subirse al tren de la gestión municipal.
El sector que logró hacerse con el pedazo más grande del organigrama fue La Cámpora, desembarcando en áreas clave de la mano de Juan Ensone. A este esquema se le suman acuerdos como el que posibilitó el ingreso de Franco Balcarce, impulsado por el ex secretario de Gobierno, Héctor Otero. Este último pasó a ocupar una subsecretaría cuya utilidad y existencia física generan constantes dudas en el municipio; un cargo que, según ironizan en los pasillos de la municipalidad, parece diseñado bajo la modalidad "home office", ya que resulta difícil precisar si cuenta siquiera con una oficina formal.
Críticas en privado, silencio institucional
La paradoja central de este armado reside en la dualidad de sus propios protagonistas. Tanto Ensone como Balcarce se ubican entre las voces más críticas hacia la figura de Marino en las conversaciones off the record. En la intimidad de la militancia no escasean los cuestionamientos hacia la falta de rumbo y el estilo de gestión del jefe municipal. Sin embargo, esas objeciones públicas se diluyen rápidamente al cruzar la puerta del despacho oficial: la caja pública y el recibo de sueldo terminan siendo argumentos más potentes que cualquier diferencia ideológica o metodológica.
Esta dinámica instala un fenómeno recurrente: funcionarios que cobran de la municipalidad mientras erosionan la autoridad del intendente por lo bajo, sosteniendo una lealtad condicionada únicamente por el presupuesto.
Nepotismo y ausentismo: la dinámica diaria del Palacio Municipal
A la par del loteo político entre sectores internos, la gestión sumó un componente de fuerte ruido ético: la incorporación de parientes directos al esquema estatal. El nepotismo queda al descubierto con solo repasar la nómina de funcionarios. La administración municipal ha funcionado también como un paraguas de contención para el entorno familiar del intendente, desgastando el discurso de austeridad.
A este panorama se suma una marcada falta de presencia en el día a día institucional. Las horas de trabajo en el despacho principal resultan escasas: pasar por el municipio después de las 14 horas implica encontrarse con un edificio prácticamente cerrado y sin actividad ejecutiva.
Esta rutina acotada dejó una postal elocuente semanas atrás, cuando desde la Intendencia se impulsó el pedido para reservar un espacio de estacionamiento exclusivo para el intendente frente al palacio municipal, iniciativa que naufragó al no lograr la mayoría en el Concejo Deliberante. Tras el revés legislativo, en los pasillos del municipio la lectura fue unánime: la solicitud respondía simplemente a que el jefe municipal suele llegar tarde a su puesto, momento en el que los lugares para estacionar en la zona ya se encuentran ocupados.
Las parcelas del poder local
El principal riesgo de gobernar combinando el acomodo familiar, el ausentismo y la fragmentación partidaria es la dilución del gobierno municipal en parcelas autónomas:
Feudos autónomos: Las secretarías y subsecretarías operan como espacios de poder propio donde la pertenencia al sector (sea La Cámpora, el espacio de Otero o el clan familiar) pesa más que el alineamiento con el Intendente.
Sin mesa política unificada: Al no existir un ámbito real de decisión estratégica donde se fije el rumbo del distrito, la gestión transcurre a la deriva de la coyuntura diaria.
Gestión volcada hacia adentro: La energía del gobierno se insume en administrar las ansiedades y sostener los equilibrios de la interna y los nombramientos propios, restando capacidad de respuesta frente a las demandas reales de los vecinos del partido.
El costo de una paz comprada
Un esquema donde la cohesión interna descansa en la liquidación de haberes, la contención familiar y el loteo de cargos expone su mayor fragilidad ante varios cimbronazos social. Marino logró armar una coalición amplia incorporando a casi todos los actores, pero dejó al descubierto la debilidad estructural de su proyecto: tiene una plantilla de colaboradores y familiares con sueldo, pero un equipo sin convicción ni conducción unificada.
*Miguel Angel Diaz - Analista Político - Colaborador