Un claro síntoma de esta regresión institucional se evidenció en el reciente tratamiento de los proyectos destinados a Bahía San Blas. Ante el inminente inicio de la temporada estival, período crítico para la reactivación económica, la generación de empleo y la consolidación del perfil turístico de la región, la negativa a dotar a la costanera de una infraestructura adecuada constituye un contrasentido estratégico. Se posterga así una intervención urbana clave para un punto neurálgico del distrito, relegando la planificación estratégica en favor de una miopía administrativa irrazonable.
No obstante, la afección no es únicamente turística o de infraestructura; es, sobre todo, democrática. La posterior postura del bloque en contra de los mecanismos de participación ciudadana para organizar la fiesta más importante del pueblo , tras la previa convocatoria de los propios concejales , devela una resistencia explícita a la democratización de la toma de decisiones.
Al clausurar las vías institucionales de escucha y deliberación comunitaria, se degrada la relación entre el Estado municipal y la sociedad civil, transformando la representación en un ejercicio opaco e insensible a las dinámicas locales.
El progreso de un partido no se construye sobre la negación del diálogo ni sobre la postergación sistemática de sus localidades. Superar esta lógica de confrontación con la comunidad exige recuperar un nivel de debate legislativo a la altura de los desafíos estructurales que Patagones demanda.
*Miguel Angel Diaz - Analista Político - Colaborador