Apocalípticos y desintegrados
Viernes 06 de Noviembre de 2026
Nº de Edición 1771

MILEI PRESIDENTE

Apocalípticos y desintegrados

6/11/2026 | La implosión del gobierno libertario podría traducirse en una ruptura del bloque oficialista en el Senado. El Escudo Trumpista perforado.

Por: Ignacio Fidanza*

La pintura del Escudo de las Américas de Donald Trump empezó a descascararse. La copia berreta de la estética Marvel, que provocaría un ataque de hígado a Jack Kirby, se resquebrajó en Texas, pero causó un temblor de magnitud 8 en Asunción y está sacudiendo a Buenos Aires. El genial dibujante del Capitán América, un militante demócrata y antifascista, seguramente elegiría a ese magnate loco de pelo naranja que bombardea países pobres mientras se construye un fastuoso salón de baile en la Casa Blanca, como uno de sus villanos perfectos. Parece un comic, es la realidad.

Milei, otro hombre excedido de peso, se subió a la moda de apelar a la IA para estilizarse como un superhéroe con cuerpo de fisicoculturista, mandíbula tallada sin papada y ojos de un azul deslumbrante. No hay que ser Lacan para intuir lo que se desprende de esa fantasía. Pero tengamos piedad y pasemos a la política.

La nota central de este momento que vive el gobierno libertario es la fragmentación, que puede ser el momento previo a la desintegración. Milei no conduce, a su hermana no le da y los Menem están en la suya, que es llevarse todo lo que puedan antes que se desate la tormenta. Algo muy parecido a lo de Toto Caputo, en su mundo de intervenciones en el mercado, deudas apalancadas y paraguas de salida, justo antes que se largue la lluvia.

Pero una persona está haciendo política en ese caos que llamamos gobierno: Patricia Bullrich se hartó de Karina Milei y los Menem. "Hay especulación política de despegarse de un gobierno que ve barranca abajo, pero también hay un hartazgo personal, que no podemos subestimar", explica un senador que la conoce bien.

El punto de quiebre se produjo hace una semana cuando siguiendo una orden de Karina Milei los Menem mandaron a Nadia Márquez a romperle una reunión de bloque a Bullrich. La neuquina, que no tiene más pergaminos que los títulos truchos que repartía la universidad trucha vinculada a su padre pastor evangelista, armó un griterío que no sirvió para nada más que empujar a Bullrich afuera del gobierno, que es exactamente lo que la senadora está deseando. "Yo no voy a renunciar, que me echen, no soy Chacho Álvarez, no voy a comerme la responsabilidad de ser la que hundió el Gobierno", explica Bullrich, que compartió con el fundador del Frepaso la experiencia del fallido gobierno de Fernando de la Rúa.

Karina y los Menem quieren que Márquez reemplace a Bullrich en la jefatura del bloque libertario del Senado. El problema es que no se tomaron la molestia de consultar a los beneficiarios de esa conducción. "No la aguanta nadie a Nadia", sintetiza un senador que comparte las ideas políticas de Milei, pero ya no aguanta los caprichos y disparates poco profesionales de la Casa Rosada.

Es por eso que al menos cinco senadores libertarios están pensando en armar un bloque aparte en algún momento entre ahora y febrero. "Vamos a elegir un jefe de bloque y le vamos a decir a la Rosada 'a partir de ahora lo que quieran se lo piden a este señor que los va a atender los jueves de 17 a 19:30'. Después, nosotros vamos a analizarlo y votaremos democráticamente si lo empujamos o no", explica uno de los senadores que trabaja en esa ruptura, que es independiente pero tiene sintonía espiritual con la que trabaja Bullrich. Y por todas estas cosas los votos para eliminar las PASO no aparecen.

De manera que el Senado puede ser el punto institucional donde primero se exprese la fragmentación política que ya sufre el Gobierno. Una zona crítica del poder que podría dejar a la Casa Rosada ante la disparatada situación que su bloque oficialista sea el menos poblado de tres bloques para o semi oficialistas.

El desorden es tan grande que los funcionarios ya extrañan la pelea Santiago Caputo y Karina Milei. Desde que la hermana se hizo con el poder todo empeoró. Milei es apenas una referencia vaga, extraviada en giras incomprensibles donde ya casi nadie lo recibe, ni le da la mano. La soledad del poder autoinfligida. Como Marlon Brando en Apocalipsis Now o Bob Geldof en The Wall, pero con menos talento.

"El Senado puede ser el punto institucional donde primero se exprese la fragmentación política que ya sufre el Gobierno. Una zona crítica del poder que podría dejar a la Casa Rosada ante la disparatada situación que su bloque oficialista sea el menos poblado de tres bloques para o semi oficialistas".

La caída de Trump de proporciones históricas, sólo equiparable al hundimiento republicano de 1974 tras la renuncia de Nixon, dejó a Milei a la intemperie. Un detalle: en las oficinas originales de Santiago Caputo y Rodrigo Lugones se desplegaba una gigantografía de Nixon. El inconsciente, ese maestro de la ironía.

Llegamos así a esta situación donde encontramos a nuestro superhéroe sin escudo, sin los poderes del swap, con la capa por el piso entre latas vacías de Mango Loco. Con el plan económico destartalado, en el preciso momento que comienza a desplegarse un diálogo entre demócratas, dirigentes del PT de Lula y peronistas, como respuesta a la internacional de derecha que intentó articular Marco Rubio con más poder brutal que análisis político.

"Milei debería nombrar a Patricia Bullrich jefa de Gabinete y sacar a Toto Caputo de Economía, si no lo hace las cosas se van a complicar aún más", sintetiza un dirigente peronista curtido en mil batallas del poder.

Pero el problema es que Milei no parece contar con los recursos intelectuales, políticos ni emocionales para un giro de semejante envergadura, que no sería otra cosa que una autocrítica o una confesión de fracaso. No sería nada grave para un político profesional, que ya aprendió hace rato que gobernar es fracasar. Pero Milei no es un político profesional y por eso lo votaron y es probable que por eso mismo ahora se enojen con él. Así somos.

Ahora, si bien Milei puede estar en su mundo especial, hay gente cerca suyo que no se confunde y entiende demasiado bien el peligro al que se están asomando. El mensaje de feroz autocrítica que publicó el vicepresidente JD Vance tras el derrumbe republicano, atribuyendo la caída a la desconexión con las bases de MAGA y la guerra de Irán, pegó fuerte en la militancia libertaria original.

"Los demócratas respondieron a ese culto de snobs californianos que rodeó a Trump y creyó que ahora lo cool es ser de extrema derecha, con política clásica de la buena, que acá como allá se sintetiza en debatir un viejo problema que supera al algoritmo: la gente no llega a fin de mes".

La traducción de Las Fuerzas del Cielo de Santiago Caputo fue: Trump prometió a sus bases arreglar la economía y no máas guerras eternas en Medio Oriente y se metió en la guerra más peligrosa de todas y la inflación se disparó. Entonces le votaron en contra. Sus seguidores votaron demócratas. Lo castigaron. Pasó en Estados Unidos puede pasar en la Argentina porque la economía no arranca, porque Milei prometió terminar con la casta y empoderó a lo peor de lo peor de la casta.

"Atrás nuestro no hay una estructura política como tiene el peronismo, porque no la construimos. Eso se vio muy claro en el caso Adorni: ¿O vos te creés que el peronismo hubiera dejado que le echen un jefe de Gabinete tan fácil?", reconoce uno de los fundadores del movimiento libertario, que traza un pronóstico fúnebre: "si esto se complica, podemos desintegrarnos".

El riesgo es real, porque una de las muchas lecciones que dejó la elección de Estados Unidos es: mucho cuidado con los eslóganes de "sentido común" que repiten los aduladores y conversos. "No hay nada enfrente", no es un consuelo de tontos cuando estás en problemas. Es una trampa que puede ser mortal.

El nihilismo del apocalipsis inminente que ejecutará la IA calza bien con la psicopatía libertaria de los Thiel, Musk y todos esos mega billonarios que pueden ser unos genios de la tecnología, pero cuando hablan de política son apenas fascistas de bajo vuelo.

Los demócratas respondieron a ese culto de snobs californianos que rodeó a Trump y creyó que ahora lo cool es ser de extrema derecha, con política clásica de la buena, que acá como allá se sintetiza en debatir un viejo problema que supera al algoritmo: la gente no llega a fin de mes.

*Ignacio Fidanza_LPO